martes, 18 de marzo de 2014

Ibiza



Histórico puerto de mar, punto de encuentro de culturas, mercado del mundo. La isla de Ibiza es camaleónica. Se adapta a todos como un guante y les ofrece aquello que desean: tranquilidad, masa, equilibrio, locura, naturaleza, mar, romanticismo, inspiración, actividades deportivas o puestas de sol inolvidables…. La atmósfera tranquila y constante de los campos contrasta con el ambiente cosmopolita que se respira en la ciudad y algunos pueblos. Ibiza es amable y cálida, una isla abierta y generosa donde habitan la sonrisa, la luz, la inspiración de los creadores, las tradiciones centenarias y donde también se respira el peso de la historia, tras las murallas de Dalt Vila, en las torres de defensa y en cada de sus iglesias encaladas.

La naturaleza ibicenca constituye, sin duda, el atractivo más importante de la isla. Con una extensión de 572 kilómetros cuadrados, la isla ofrece 210 kilómetros de playas que se pueden disfrutar en cualquier época, gracias a temperaturas muy cálidas y 2.948 horas de sol al año. 

Cada estación ofrece una Ibiza insólita y diferente. La luz intensa y las temperaturas suaves son una constante durante todo el año. Sin embargo, la floración de los almendros, instante en el que los campos de la isla se iluminan de blanco, sólo puede contemplarse en febrero. Igual sucede con el estallido de flores que inunda la primavera, la sensación refrescante que en agosto produce un baño en sus playas o el placer que causa disfrutar de un pescado fresco bajo el sol de enero, en una terraza junto al mar. 

Ibiza puede disfrutarse durante las cuatro estaciones. La isla cuenta con una oferta cultural y de actividades permanente y dispone de recursos turísticos suficientes para hacer inolvidable una estancia en cualquier época del año.
El centro de Eivissa y el casco histórico de Dalt Vila, junto con las playas de Figueretes, Talamanca y Playa d’en Bossa, son las zonas de mayor interés de la capital. 
Un paseo por el laberinto de callejuelas de Dalt Vila, delimitadas por las murallas de la ciudad, devuelve al visitante a la época medieval y al renacimiento, y al mismo tiempo permite disfrutar de un ambiente cosmopolita y creativo. Cruce de culturas desde hace siglos, el entorno de esta fortaleza es escenario de conciertos, ciclos poéticos, exposiciones y actividades culturales a lo largo de todo el año. Dentro de la ciudadela pueden visitar la Catedral, el Museo Arqueológico, la Capilla de San Ciriaco, la Iglesia de Santo Domingo y el Museo de Arte Contemporáneo, entre otros lugares de interés, a los que se añade el Castillo, actualmente en obras porque se va a convertir en Parador de Turismo. 

El recinto amurallado de Dalt Vila fue declarado en 1999 Patrimonio de la Humanidad, una distinción que otorga la UNESCO y que supone el reconocimiento internacional a la fortaleza costera mejor conservada del Mediterráneo. 

El área delimitada como Patrimonio de la Humanidad incluye también los barrios extramuros de la Marina, sa Penya y es Soto, donde han convivido aventureros y artistas de medio mundo a lo largo de los siglos. La UNESCO también ha preservado la necrópolis de Puig des Molins, considerado el yacimiento arqueológico más importante de la cultura fenicia y púnica y el poblado fenicio de Sa Caleta, éste último situado en el municipio de Sant Josep. Al conjunto histórico de Dalt Vila, que puede visitarse en cualquier época del año, se suman las praderas de Posidonia oceánica, también declaradas Patrimonio de la Humanidad, ya que son las responsables de la pureza y transparencia de las aguas que rodean la isla.

El puerto de Eivissa, además de ser el punto de llegada de los barcos procedentes de la península, es uno de los lugares donde se concentra gran parte de la actividad comercial y de ocio. Por el día, las calles de La Marina están llenas de gente que va de compras, utiliza los bancos y oficinas de la zona, visitan museos y galerías de arte o aprovechan las mañanas soleadas y tranquilas para leer el periódico y desayunar en las terrazas de los bares más coquetos. Por la noche, las calles de La Marina se pueblan de viajeros, curiosos y exploradores de medio mundo, que buscan diversión y nuevas experiencias en un ambiente cosmopolita y multicultural. Multitud de bares, restaurantes, tiendas y terrazas permanecen abiertos hasta la madrugada y ofrecen muy diversas alternativas de ocio para parejas, familias o grupos de amigos.
En la ciudad de Eivissa, además del Dalt Vila y el barrio de La Marina, merece la pena recorrer todo el casco urbano y conocer zonas tan céntricas como el Paseo de Vara de Rey (donde encontrarán las oficinas de información turística del Consell Insular y del Ayuntamiento de Eivissa), la Plaza del Parque, la avenida de España (donde se encuentra la sede del Consell Insular de Eivissa), la avenida de Bartolomé Roselló y la calle Isidor Macabich, donde tienen parada los autobuses que recorren toda la isla. Asimismo, no deben dejar de dar un largo y agradable paseo por el Puerto deportivo de marina Botafoc y acercarse hasta el dique, donde atracan los grandes cruceros. 
Como todos los municipios de la isla, la capital también tiene sus playas. Son la de Figueretes (accesible desde el casco urbano), Talamanca (una playa tranquila, con ambiente familiar) y Playa d’en Bossa, el arenal más extenso de la isla. 
Para más información sobre el municipio de Eivissa consulte la página web www.eivissa.es o www.ibiza.es
En el municipio de Sant Antoni los lugares más frecuentados por los turistas son su espléndida Bahía y el casco urbano de la ciudad, rodeado de tiendas donde se pueden encontrar todo tipo de productos. Además, todos los veranos se reúnen cada día miles de personas en la costa de Ses Variedes para ver la impresionante puesta de sol. Los bares de la zona acompañan la despedida del ocaso con música en directo y algunos de los DJ’s que pasan por estos locales son famosos en todo el mundo. Junto al maravilloso espectáculo de la puesta de sol, también se puede disfrutar de un largo paseo bordeando la costa por toda la zona de es Caló des Moro, a cualquier hora del día y, especialmente, a la caída del sol.
Cuando llega la noche, Sant Antoni ofrece numerosos bares y locales de fiesta en el casco urbano y a lo largo de la Bahía. Otra zona elegida por los habitantes de la localidad para dar largos paseos cuando anochece es el recorrido que se inicia en el Paseo Marítimo y acaba en el espacio cultural Sa punta des Molí, un trayecto plagado de bares, hoteles y zonas de ocio para niños, en el que con frecuencia se cruzan y saludan los vecinos del municipio.
Sin duda, uno de los mayores atractivos de Sant Antoni es descubrir la naturaleza que rodea este municipio, en zonas como el mirador del cap Negret, próximo al pueblo de Santa Agnès de Corona, desde el que tendrá una maravillosa vista de la isla de sa Conillera. Visitar el pueblo de Santa Agnès de Corona, su iglesia y recorrer sus caminos plagados de almendros en flor es una experiencia deliciosa. Igual que acercarse hasta Sant Mateu d’Allbarca, visitar las bodegas en las que se producen los vinos ibicencos y acercarse hasta ses Torres d’en Lluc, un yacimiento arqueológico que data de la Edad Media y consta de dos antiguas torres y una muralla. Si continúan el recorrido hacia el este pueden alcanzar Cala d’Albarca, a través de un camino que debe realizarse a pie, donde descubrirá una costa acantilada de enorme belleza y difícil acceso en la que suelen refugiarse numerosas aves, entre ellos el halcón Eleonora y el halcón real. Situado a 8 kilómetros de Sant Antoni, el pueblo de Sant Rafel de sa Creu también merece una visita, ya que se trata del único punto de la isla declarado “Zona de Interés Artesanal” y donde pueden conversar con los ceramistas, que en el mismo lugar trabajan y exhiben sus obras.
Muchos turistas suelen concentrarse para tomar el sol o bañarse en las playas situadas en la Bahía de Sant Antoni, aunque en la localidad existen otras calas de singular belleza, como Cala Gració y Cala Salada, además de Punta Galera, una zona de rocas que se ha convertido en una de los rincones preferidos para los aficionados al nudismo. 
Además, Sant Antoni brinda la oportunidad de practicar muy diversos deportes, ya que tiene rutas especiales para cicloturismo, mountain-bike y senderismo. También pueden acercarse hasta la estación naútica de Sant Antoni-Sant Josep, donde podrán completar sus vacaciones con la práctica de diferentes deportes náuticos como por ejemplo, el kayak, la vela, el windsurf y el esquí náutico entre otros.
Para más información sobre el municipio de sant Antoni, consulte la página web: www.santantoni.net
En Santa Eulària se aloja un turismo más bien familiar que se beneficia de las comodidades de la playa situada en el mismo casco urbano y del puerto deportivo donde existe una amplia oferta de bares, restaurantes y tiendas. Todos estos establecimientos permanecen abiertos durante todo el día en verano y también por la noche, lo que permite disfrutar de veladas muy agradables en una zona muy tranquila. El entorno urbano de la ciudad compatibiliza en perfecta armonia la vida cotidiana de los vecinos con las necesidades de relax de los turistas. El pueblo de Santa Eulària tiene otro atractivo singular, que es el Puig de Missa, donde pueden visitar el Museo Etnográfico, la magnífica iglesia y el cementerio. El paseo por las calles empedradas del Puig de Missa ofrece maravillosas vistas panorámicas de la localidad y permite recrear cómo era la vida en el pueblo hace un siglo.
Dentro del municipio de Santa Eulària cabe destacar otras zonas turísticas como s’Argamassa, es Canar, Cala Llonga y es Figueral. En este municipio se encuentran los dos mercadillos de la isla, el de Es Canar (todos los miércoles en temporada alta) y las Dalias (todos los sábados durante todo el año), que son visitados cada año por miles de personas que buscan ropa AdLib, artesanía, bisutería y todo tipo de artículos de regalo. En Las Dalias, además, todos los viernes del verano por la noche se organiza un supermercado del arte al que acuden artistas de todos los países del mundo, que residen en la isla, para mostrar y vender sus obras.
Los pueblos de Santa Eulària tienen mucha vida y atractivo para los visitantes. En Sant Carles de Peralta se ubica el mercadillo de Las Dalias y también acoge el bar donde sirven las hierbas (tradicional licor ibicenco) más conocidas de la isla: es el bar Ca na Anneta, donde se reúnen parroquianos y visitantes desde hace muchos años. La comarca de Sant Carles está repleta de almendros, higueras y algarrobos, en un entorno rural de bellas casas payesas y calas de aguas cristalinas. En este pequeño pueblo también pueden visitar otra de las iglesias de la isla, construida en 1785, rodeada de un pequeño jardín en el que podrán contemplar un pozo tradicional y los restos de una almazara romana para elaborar aceite. 
Santa Gertrudis de Fruitera es otro de los pueblos de Santa Eulària donde suelen acudir los visitantes, ya que sin perder el enorme atractivo de ser una zona plácida y tranquila, cuenta con diversas tiendas de ropa, muebles y artesanía y sobre todo de bares y restaurantes, en los que se ofrecen desde deliciosos bocadillos de jamón hasta cocina muy elaborada, en un entorno rodeado de árboles frutales y sofisticación. Santa Getrudis también tiene una iglesia, que fue inaugurada en 1797. 
Jesús es otro de los municipios de Santa Eulária, que cuenta con una de las iglesias más antiguas de la isla. Se cree que en 1498 se instalaron en ella los frailes franciscanos. La iglesia cuenta con una de las piezas más valiosas de Ibiza: un retablo gótico del siglo XVI atribuido a Rodrigo de Osona. Esta población, muy cercana a la capital, se caracteriza por un peculiar sistema de regadío por acequias, motivo por el que esta zona fue considerada la huerta de Ibiza. Junto al núcleo de Jesús, Puig d’en Valls es otro de los pueblos del municipio de Santa Eulária que conserva su pasado rural y los campos de cultivo.
Las playas más famosas de Santa Eulària son S’Aigua Blanca, Es Figueral, Cala Boix, Cala Mastella, Cala Llenya, Cala Nova, Platja des Canar, Punta Arabí, Cala Martina, S’Argamassa, Cala Pada, es niu Blau y Cala Llonga. Todas ellas ofrecen un ambiente familiar y aguas cristalinas.
Para más información sobre el muncipio, consulte la página web www.santaeulalia.net

El municipio de Sant Josep de sa Talaia, el más extenso de la isla y el que cuenta con mayor número de playas y calas a lo largo de sus 80 kilómetros de costa y también con dos enclaves protegidos y de especial belleza, como son los parques naturales de Cala d`Hort y de Ses Salines. El primero permite un largo paseo hasta la Torre de Es Savinar y ofrece una vista espectacular de Es Vedrà, el islote alrededor del cual han nacido numerosas leyendas. La reserva natural de Ses Salinas es un paraíso de dunas de arena blanca y aguas cristalinas. 

Los aficionados a la arqueología disfrutarán mucho en el poblado fenicio de Sa Caleta y en el asentamiento púnico-romano de ses Païses de Cala d’Hort, situados en enclaves privilegiados, que les ayudarán a conocer mejor el pasado y el presente de esta isla. 

En el municipio de Sant Josep predomina un paisaje rural plagado de pinos, sabinas, higueras y algarrobos, con casas encaladas dispersas por el territorio. Merece la pena recorrer la costa, acercarse hasta los acantilados y contemplar las torres de defensa de Ses Portes, la d’es Carregador y la d’en Rovira, desde donde los ibicencos vigilaban la posible llegada de barcos piratas. Además de estos parajes, visiten las preciosas iglesias de Sant Jordi, Sant Josep, Sant Agustí, es Cubells y Sant Francesc.

El pueblo de Sant Josep está coronado por sa Talaia, el monte más alto de Ibiza, con 475 metros de altura. La vida del pueblo la preside la iglesia encalada, una de las muestras más representativas de la arquitectura popular ibicenca, que se construyó en 1.730. Este templo fortificado, al igual que ocurre con las iglesias del resto de la isla, es el punto de encuentro de los parroquianos y el escenario de los conciertos de pop y rock en las fiestas patronales de Sant Josep, que siempre acaban con un espectáculo de fuegos artificiales que envuelve de luz y colores el campanario. El núcleo urbano de Sant Josep cuenta con tiendas diversas, librerías, dos galerías de arte, bares, así como varios restaurantes de tapas y cocina más sofisticada. En la calle principal de la localidad se encuentra la sede del Ayuntamiento.

Otro pueblo lleno de encanto es Sant Agustí de es Vedrà, que sólo está intransitable durante sus fiestas patronales de finales de agosto, cuando personas de toda la isla acuden hasta allí para asistir a sus conciertos al aire libre. El resto del año, Sant Agustí es un oasis de paz y uno de los pueblos mejor conservados de la isla, con una encantadora casa parroquial pegada a una preciosa iglesia, ubicada en la plaza principal de esta pequeña aldea. Desde la colina que corona la plaza, se divisan los campos de Sant Agustí que son famosos, entre otras cosas, por albergar plantaciones de vid. En Sant Agustí sólo encontrará un bar, un restaurante y una galería de arte.

Es Cubells es otro de los pequeños y encantadores pueblos de este municipio. Merece la pena acercarse hasta él para contemplar la pequeña iglesia, que data de 1.867, ubicada al borde de un acantilado y con vistas espectaculares. En este pequeño pueblo sólo encontrará dos bares, donde podrá disfrutar de algunos platos típicos de la gastronomía local y aprovechar para conocer las pequeñas calas y rincones que se encuentran a los pies del acantilado y más concretamente Ses Boques y Cala LLentrisca.

Sant Jordi de Ses Salines es el pueblo más industrial del municipio y también la localidad más cercana al aeropuerto, que cuenta con una imponente iglesia fortificada, rodeada de flores y palmeras que la embellecen. Otra de la iglesias más bellas del municipio es la pequeña ermita de Sant Francesc de s’Estany, ubicada a la entrada de la Reserva Natural de Ses Salines. Fue construida para atender las necesidades de los trabajadores de la sal y en la actualidad permanece cerrada.

Sant Josep tiene algunas de las playas más bellas de la isla, como es Cavallet y Ses Salinas, dentro del Parque Natural, o las Platges de Comte, Cala d’Hort, Cala Vedella, Cala Bassa, Es Jondal o Cala Carbó. El municipio ofrece todo tipo de recursos turísticos, además de actividades culturales y deportivas a lo largo de todo el año. 

El municipio de Sant Joan de Labritja es el que tiene menor número de habitantes de la isla y destaca porque ofrece los parajes naturales más agrestes, con espectaculares acantilados que han sido declarados Área Natural de Especial Interés (ANEI), ya que en sus ecosistemas conviven flora y fauna de gran valor ecológico.

En Sant Joan todavía existen amplias zonas aisladas de la masificación y en las que el viajero amante de la naturaleza y con el alma inquieta sentirá el reto de encontrar calas recónditas prácticamente vírgenes. En toda la zona solamente existen dos núcleos turísticos de dimensiones más amplias, que son el Port de Sant Miquel y Portinatx. En el pueblo de Sant Joan los dos edificios más emblemáticos son la pequeña casa consistorial, sede del gobierno del municipio, y la iglesia.

Situado a pocos metros al Este del pueblo de Sant Llorenç se encuentra el viejo poblado de Balàfia, considerado como uno de los mejores ejemplos de la arquitectura tradicional de la isla, ya que sus dueños construyeron torres de defensa adosadas a las casa para protegerse de los ataques de los piratas. El conjunto fortificado está constituido por cinco casas payesas, con dos torres que conforman una zona de gran interés. Todas las viviendas están habitadas, razón por la que se encuentran en perfecto estado de conservación, aunque su interior no puede ser visitado. El paseo por la zona, a través de los campos sembrados de cereales y frutales, es delicioso, sin olvidar acercarse a conocer la iglesia.

Otro de los pueblos del municipio es Sant Miquel, un núcleo urbano donde podrá encontrar todo tipo de servicios a lo largo de su calle principal, tanto en invierno como en verano. El lugar de visita obligada es la iglesia, construida sobre una colina y, al igual que en Santa Eulària, se denomina al monte que la alberga ‘Puig de Missa’. 

Sant Vicent de Sa Cala es otro de los pueblos de Sant Joan que ha crecido volcado en el turismo. La Cala es un lugar ideal para vacaciones en familia. Desde su pequeño puerto parten excursiones hacia la isla de Tagomago y también desde la Cala encontrarán el camino señalizado para llegar hasta la Cova des Culleram, un santuario de la época púnica en el que se adoraba a la diosa Tanit, a la que algunos autores identifican como la Venus romana. La gruta natural rodeada de pinos fue utilizada durante años para guardar explosivos. Pero en el verano de 1907 se descubrió dentro de la cueva un importante yacimiento, con centenares de estatuillas y objetos que representan a la diosa del amor y la fertilidad, y que fueron trasladados al Museo Arqueológico.

Geográficamente el Área Natural de Especial Interés (ANEI) se extiende desde Cala Salada, en Sant Antoni de Pormany, hasta la Cala Sant Vicent, y engloba la zona que mejor ha conservado el paisaje, las costumbres y las tradiciones de la isla. En esta zona abundan todo tipo de aves, incluidos halcones peregrinos, buhos, lechuzas y, por supuesto, gaviotas.

Poco antes de llegar al Puerto de Sant Miquel, encontrarán también una desviación señalizada hacia la Cova d’en Marçà, formada por grutas naturales causadas por la erosión del mar. Aquí fueron descubiertos fósiles de animales prehistóricos. En el interior de las grutas se pueden ver estalactitas que crecen un centímetro cada seis lustros y un salto de agua de 20 metros.

Otros lugares de interés en Sant Joan son la Torre de Portinax y las playas del municipio. Algunas como el Port de San Miquel, las Playas de Portinax o la Cala de Sant Vicent ofrecen todo tipo de servicios en un entorno turístico familiar y de calidad. Otras ofrecen un particular encanto y todo tipo de público, como Cala Benirràs, s’Illot des Renclí, Caló d’en Serra o Cala Xarraca. 

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